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relatos cortos

Un relato en el que gana la obsesión por el poder

Sánchez contra Ayuso

A la hora en que todos los martes suena su despertador, se levantará de su extrañamente vasta cama de estilo japonés, presta para hacer sus ejercicios de conexión, su taichí adaptado aprendido tras su último viaje a China. Cuando, veinte minutos después, se dirija a su cocina americana para prepararse su zumo, a partir de una hortera variedad de frutas frescas ya peladas y cortadas por su servicio y, como hace cada mañana, mirará su reloj de pared para comprobar que son las siete

Más molesto que mortal

Samu está extraordinariamente relajado cuando su portero automático le corta la respiración durante la milésima de segundo necesaria para que su pierna izquierda ejecute un espasmo involuntario lo suficientemente brusco como para chutar el cenicero por la ventana

Una improbabilidad entre un millón

Hay veces en las que a Juan Antonio le sobra tiempo para ir a ver a su madre y otras, la mayoria, para sentarse en el soportal de su casa o para escuchar la radio en un pequeño transistor que se escucha peor que su móvil pero que es más auténtico, dice.

Martina con hielo

En la pantalla del móvil un tal Mario reproduce con gran destreza la melodía de salida del Show de La Pantera Rosa, lo que Sergio aprovecha para dar por finalizado el encuentro ocasional, a la salida del banco, con uno de esos compañeros con los que no tienes más remedio que cruzarte cada día, menos si sales por una de esas ventanas que los bancos nunca tienen.

Luz: un lugar donde vivir.

Los pensamientos que atraviesan la mente de Marcos lloran una pena que golpean su cabeza haciendo que se caiga la pintura de las paredes. No se trata del típico temblor que hace que todo se mueva por dentro y que las paredes tiemblen, que el suelo se angule poniendo en peligro la integridad de cualquiera y en entredicho las leyes de la física, no.

Chicas, jóvenes y nuevas

Sé que no hay medida, actuación, sentencia ni tiempo que arregle este roto. No existe arena capaz de cubrir el boquete que ha dejado este impacto. Nos ha partido en dos y ahora no encuentro a la parte razonable. Soy la mitad sin luz, la negrura más profunda de la mirada más perdida, la mitad amarga, la agria. Soy la mitad mala. No existe fuerza capaz de enderezar este hierro doblado, torcido, desequilibrado e inútil en que se ha convertido nuestra vida. No voy a poder con esto, tal cual está. Este dolor no lo conozco, no lo controlo, no lo comprendo.