Cualquier congreso con diputados, responsables políticos, empresariales, sociales, mandatarios de países libres, ocupados, conquistadores o conquistados de cualquier país y en cualquier lugar del mundo…

Todos deberíamos encontrar motivos para estar descontentos por muy sana que nos parezca la sociedad de la que formamos parte. Solo así mantendremos vivo nuestro entorno social.
¿Pudiera ser que la verdadera decadencia del siglo XXI nazca en el momento en que normalizamos el descontento, la polarización, la crispación y la defensa de la verdad de cada uno, esculpida en mármol, con tal de que no nos toquen «lo nuestro»?
«[…]El hambre y otros apetitos le hacían probar, una tras otra, diversas maneras de existir, y hubo una que le invitó a perpetuar su especie; y esta inclinación ciega, desprovista de todo sentimiento del corazón, no producía más que una acto puramente animal». «[…] Pero hay que observar que la sociedad iniciada y las relaciones ya establecidas entre los hombres exigían en ellos cualidades diferentes de aquellas que tenían en su constitución primitiva: que al comenzar a introducirse la moralidad en las acciones humanas, y por ser cada uno, antes de las leyes, único juez y vengador de las ofensas que había recibido, la bondad convincente al puro estado de naturaleza ya no era la que convenía a la sociedad naciente; que era preciso que los castigos se volviesen más severos a medida que las ocasiones de ofender se volvían más frecuentes, y que tocaba al terror a las venganzas ocupar el lugar del freno de las leyes».
Saquen, por favor, sus propias conclusiones.
Fins aviat!