
Santiago Pelañez publica con gran éxito su primer libro, Observar es de Humanos.
2 de septiembre de 1990.
«El campeón de España los pesos semipesados, Santiago Pelañez, publica Observar es de Humanos, una ácida mirada a la sociedad, en la que analiza las relaciones establecidas entre…
Hostia que da familia de luto. Tison es lo que todos conocemos como una mala bestia, lo mismo le da subir tres pisos de angostas escaleras con un canapé familiar, que pegarse con cuatro o cinco sin apenas hacerse un rasguño. Todos en su barrio le conocen desde que, sin apenas levantar “dos palmos” del suelo ya apuntaba alto, concretamente a la entrepierna ¡Sí! ¡Efectivamente amigos, a los santos, gordos y orgullosos! directamente, sin margen de error ni importarle si eres más alto, más guapo, más fuerte, más gordo, más rico, más alfa, más beta o más gamma, es tan simple como que: «y el niño cabrón de los Pelañez, cuando lo coja por banda le voy a atar las manos a los pies, los pies a un guarda barros y el guarda barros al AVE Sevilla – Madrid. ¡Pues no he tenido que coger tres días de baja porque no puedo andar! ¡Ciento cincuenta euros que pierdo por la mierda el niño! Claro que lo que nuestro amigo no cuenta, es que se lo ganó mientras deslizaba la palma de su mano sobre un billete de diez euros que su hermano mayor había dejado en la barra. ¡No son fuertes manotazos que impactan con violencia como los que a veces propinan los niños sin querer! ¡No! por exagerado que parezca, estamos hablando de puñetazos de un puño diseñado para impactar en cualquier rincón, con la fuerza, la precisión, la meditación y la alevosía necesarias para que cuando te golpea, sientas como pierdes la vida por la boca, tu existencia en un aullido de dolor, la alegría por los ojos, por apretados y húmedos que estén, y la verticalidad en lo que tarda un plomo en caer sobre tu tarima, o sobre tu baldosa, da igual. Certeros ganchos, rápidos crochet, demoledores directos o uno-dos que cortan el aire haciéndote testigo horizontal de cómo “sangra” el tiempo a borbotones por la herida que, a tu vida misma, le han provocado esas diminutas manos.
Santiago apenas si habla más que con Maruja, su madre, su padre Jacob (conocido en el barrio como «El Yeicoh»), su hermano Nestor (aunque sin entusiasmos exagerados tampoco), su maestra la señorita Puri, y aquel con quién no le queda más remedio para obtener bienes y servicios.
No se trata de un niño imposible, ¡qué va!
Nadie sabe cómo, pero ya te está pasando el salero antes de que puedas terminar de ejecutar la orden mandada por tu cerebro para “pedir” el salero. Cuando ésta llega a tu neurona, él ya ha interpretado tu expresión corporal, se ha tomado dos zumos multifruta y te lo está ofreciendo sin apenas levantar la cabeza de su plato.
A sus doce años y medio ya ha ganado dos torneos de ajedrez online, a los que se presentaban más de tres mil participantes de diversos lugares. No lo sabe nadie. Ha ganado el concurso de lectura rápida del colegio en las últimas dos ediciones, y ha sido tercero y primero, dos veces consecutivos en el torneo: «Deletreo para todos». Donde abuelos octogenarios, madres sabelotodo, niños de once años –de los que primero meriendan y luego salen al patio-, o señores con boina, perilla y un diario Francés, chicas con gruesas bufandas, gafas de pasta y carpetas universitarias, compiten entre sí por un puesto en la final regional.
¿Qué quieres saber dónde están las llaves extraviadas? «Santiago lo sabe». ¿Si el tío Ataulfo apareció en la última foto de familia, y quién estaba a su derecha? «pregúntale a Santiago, seguro que lo sabe».
Si el martes de la semana pasada dijo que no apostaba canicas de «mercurio» por menos de dos de cristal, o un bolón y una pitina, dijo eso, literalmente. Así lo afirmo porque no sería la primera vez que se saca de la chistera una grabadora, que no duda un solo instante en utilizar, para demostrar que efectivamente había dicho aquello que defendía haber dicho.
Tison defendía lo suyo. Recuerdo que en una ocasión, con sólo siete años y mientras Don Francisco hablaba con su madre, le soltó un gancho a los huevos que acabó con el portavoz de la palabra divina encogido en el suelo y jurando en arameo, y es que todos sabemos lo bien que los curas dominan las lenguas muertas. Lo que nadie supo nunca, es que Tison, justo antes de su golpe directo al corazón de la Iglesia, escuchó como el susodicho se insinuaba entre susurros a su madre con la intención de verla en privado en el confesionario ya caída la tarde. Un año después, estando en el bar con su padre, hizo que el carnicero “besara la lona” con un uno-dos tan rápido y repentino, que cogió a todos por sorpresa, Emeterio cayendo incluido. Aquel episodio le supuso un duro e injusto castigo ya que, lo que nadie supo nunca, era que la serie fue propinada al escuchar como «Eme», amenazaba a su padre; fue escuchar: «…o cojo a tu mujer y me la cobro en carne…». ¡Un-dos a la entrepierna! y Emeterio al suelo echando pestes por la boca. Aceptó el castigo y no dijo nada con tal de mantener en secreto por qué actuaba así y es que nadie, solo él, parecía darse cuenta de estos detalles que no le pasaban desapercibidos. En la sala de profesores a veces se escuchan sonoras carcajadas provocadas por algún maestro contando al interino de turno como, en clase de gimnasia y jugando a balón prisionero, propinó tal balonazo en la cara al señor Gerardo, que le partió el tabique nasal con una pelota de goma, goma dura, pero goma al fin y al cabo. El escándalo fue tal, que hubo vecinos que empezaron a decir que Tison acabaría mal, haciendo daño a alguien, o en la cárcel en el mejor de los casos.
Agobiados, los padres de Santiago no sabían muy bien qué hacer con su hijo. Cuando no venía con un matojo de largos pelos enredados, era una carta del colegio amenazando con denunciarlo si no había un cambio radical en la actitud de Santiago. Ante semejante panorama e impotentes, los padres deciden gastar los ahorros de la familia en llevar a Santi a un psicólogo con la esperanza de que les diera una solución a tan tremendo problema, a ser posible en una sola sesión.
Sólo en conseguir que Tison se calmara y dejara de andar nervioso tocando lo que estaba a su alcance de la consulta de la Dra. Narváez, psicóloga infantil licenciada y «re…masterizada» por la universidad de Harvard, fueron diez minutos.
«Menos diez, treinta y cinco» pensaba Jacob, mientras, con tono de falsa paciencia, a grito «pelao» y a oídos de cualquiera, Maruja, trataba de calmar a su hijo el cual ya tenía en sus manos el trofeo que acreditaba a Susana Narváez como campeona estatal del concurso de debate de su universidad y se disponía a «partirle la cara» al busto por, en su opinión de humano sobre busto, mirarle «malamente». El caos se había apoderado de aquella consulta.
Un ¡¡»BASTA YA»!! Retumbó en el aire dejando momentáneamente sorda a Maruja, cuyo oído estaba circunstancialmente a pocos centímetros, temblando a Jacob y paralizado a Santiago.
Sólo con la voz calmada a juzgar por el temblor de sus manos, dijo:
– Maruja, Jacob, ¿serían tan amables de salir y dejarnos a Santiago…
– ¡Tison! –. Gritó a Santiago.
– …a Tison y a mí a solas?
– ¡Yo no dejo a mi Santi solo aquí! Pobrecito, ¿y si se asusta y no sabe defenderse?
– ¡Maruja, haz el favor que el niño se va a la plaza y día sí día no trae sangre en la ropa!
Tison empezaba de nuevo a ponerse nervioso.
– Les pido encarecidamente que salgan de la consulta para que pueda hablar con su hijo, les recuerdo que ya han pasado quince minutos.
– ¡Treinta minutos!
– ¿Qué?
– Nada Maruja, venga que te invito a café.
– ¡Qué café ni café Jacob, que tenemos al niño «mu malooo…»!-. Sollozaba saliendo delante de Jacob que la acompañaba con la mano en la espalda.
Santiago, sentado en una silla verde a varios metros de la escena, observaba atento como interactuaban sus padres.
-¡Santiago, deja el Busto en su sitio!-. Y allá que va Santiago dirección a la mesa para dejar el trofeo.
– ¿Cómo se llevan tus padres?
– Bien.
– ¡Desde luego parece que es tu padre quien manda!
-…
– ¿Por qué le pegas a la gente?
– Por qué se lo merecen.
– ¿Siempre?
– ¡Sí!
– ¿Alguna pelea últimamente con tus amigos?
– ¡Qué amigos!
– ¡Algún amigo tendrás!
– ¡No!
– ¿Sabes para qué sirve un amigo?
– ¿¡¡Para nada!!?
– Para compartir el tiempo y contarse cosas. El otro día, una amiga mía me contaba que creía que había castigado a su hija de manera injusta, a ver qué te parece a ti. Una niña de tu edad, jugando en el descampado había encontrado un gatito herido. Preocupada por ayudarlo lo llevó corriendo a su casa para curarlo. Entre cura y cura lo acunaba, lo acariciaba, jugaba con él, incluso dormían juntos. Cuando a los pocos días éste se recuperó, desapareció y nunca más se supo. Cuando vio que «Regurjitos» no estaba, salió corriendo dirección, «buscarlo donde esté» con tan mala suerte que con la coleta le dio a un viejo jarrón y lo rompió.
– Es, injusto.
No había terminado de pronunciar «injusto» cuando de un salto se levanto de la silla y comenzó a simular que boxeaba dando pequeños saltitos por toda la consulta y soltando directos al aire mientras repetía, » no siempre».
– ¿No siempre, qué?
– ¡No siempre, no siempre!-. Saltito a derechas, saltito a izquierdas, un-dos al aire.
– ¡Santiago!. ¡Tison!. Entiendo, ¿no siempre qué?.
– ¡No siempre, no siempre!-. Adelante y atrás, amago, crochet de izquierdas al aire.
– ¿Te gusta el boxeo?.
– Sí-. Sentándose de nuevo.
– ¿Se lo has dicho a tus padres?
– No
– ¿Por qué?
– Porque vale dinero. Han tenido que vender unas joyas para traerme aquí.
– ¿Te gusta leer?
– Si
– ¿Estupendo, jugamos?
– ¡A qué!
– A…
– Doctora Narváez, los padres de Santiago han llegado. La madre insiste en entrar.
– Dales una Valeriana, Marga. ¿Has visto cuántos libros hay aquí verdad Santiago?
– ¡Sí, claro!
– Yo te digo un título, si lo encuentras en quince segundos te lo quedas.
– ¡Vale!
– El Principito.
Sin moverse de la silla observa las estanterías.
– Siete, ocho, nueve…
De un salto se acerca a un mueble bajo junto a la biblioteca y agarra la mitad de un libro que sobresalía detrás de un juego de construcción con piezas de madera. Sonriendo, vuelve tranquilo y triunfante a su silla.
– Muy bien Santiago y ¿qué te parecen tus vecinos?.
En ese instante lanza el libro al aire para, cuando está cayendo, propinarle un puñetazo que lo manda directamente a impactar con el trofeo que acreditaba a Susana Narváez como campeona estatal del concurso de debate de su universidad, haciéndolo añicos.
– Marga, haz pasar a los padres de Santiago.
– ¡Tison!
– Enseguida.
– ¡Santiago hijo! – Maruja, ostensiblemente nerviosa corre a proteger a su «cachorro».
– Señor Jacob, no será necesario que vuelvan.
– ¡Buff, buuuf, bufff, bufff!
– En unos días recibirán por escrito el diagnostico y el tratamiento para que lo lean con atención.
– Muchas gracias docto…tora.
– ¡Ayy mi niño que «ya´sta curao»!
– Santiago no está enfermo, pueden irse tranquilos.
– Vamos hijo mío, que mal rato he pasado, que mal rato que mal rato que mal rato, de verdad, ¡vas a acabar con mis nervios! –. Cacareaba sin parar la madre mientras la familia salía de la consulta.
– ¡Señor Jacob!
– ¿Sí docto…tora?
– Dos cosas: tiene que evitar que su esposa ponga nervioso a Santiago.
– A Pe…pesar de que lleva us…sTED razón, hoy la culpa la tienen los cafés.
– Y dos, aquí le dejo la tarjeta de mi gimnasio, digan que van de mi parte y no les cobrarán nada.
– ¡Para hacer deporte que estoy yo ahora!-. Algo más calmado.
– ¡Jacob, apunte a su hijo a boxeo! y, de momento, no se preocupe por el dinero.
– Gracias de nuevo doctora.
– Adiós y suerte.
Barcelona, 22 de agosto de 1977
Consulta de la Dra. Susana Narváez:
Señores Jacob y Maruja, es tan evidente su preocupación y tan admirable su esfuerzo que voy a saltarme todos los protocolos con la intención de que comprendan la verdadera dimensión de lo que he observado en su hijo.
Santiago es un niño inteligente y tremendamente observador, contesta coherentemente cuando se calma y le gusta leer. Pero tan solo tiene 9 años y son su capacidad de observación junto con su corta edad, las que hacen que reaccione a puñetazos con lo que no comprende.
Espero ver a Tison en la clase de boxeo de mi gimnasio más pronto que tarde. Como les dije, no deben preocuparse por el dinero, tómenselo como una inversión que hago por quien que creo será una mente que hará grandes aportes a la rama de las Ciencias Sociales, si siguen mis instrucciones.
Con la actividad física, Tison se cansará, entonces Santiago dejará de moverse y dar puñetazos al aire. Hablen con él, pregúntenle qué le gusta leer y proporciónenselo. Santiago tiene que leer dos libros al mes como condición para que Tison pueda seguir boxeando, pero en ningún caso ha de parecerlo, déjenlos a su alrededor. Él los leerá, ya lo verán.
Un cordial saludo y hasta pronto.
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El ruido de la puerta del vestuario, mezclado con el del público jaleando su nombre, hace reaccionar a un Santiago que, apoyado con sus rojos guantes a cada lado del espejo, andaba sumido en un recuerdo de la infancia que le dibujaba media sonrisa de infinito agradecimiento.
– ¿Estás listo Santi? ¡Tienes que salir!
– Tison-. Susurró. Sí, estoy listo.
– ¿Hijo, estás bien?
– Perfectamente papá.
¡Vaya derechazo! Eres el nuevo Valle-Inclán y además en formato 2.0. Ojiplática estoy…
Jeje… Cuidado que corres el riesgo de caer en la exageración. Este relato ha sido todo un reto para mi ya que es el primero en el que incluyo dos saltos de tiempo. Cómo siempre mejorable, por supuesto, pero gracias Paloma.