
«Hoy cumplimos dos semanas Paula y en lo único que pienso es en revelarme. Si no lo he hecho, es porque en el fondo sé que hago lo correcto.
Hoy es el día en que nuestros caminos se separan momentáneamente. No olvides que nada me haría más feliz que traerte conmigo, pero hemos de entender que es lo mejor para las dos, o al menos, eso dice la abuela, con algo de razón, por cierto.
Sé que te preguntas por qué hija mía y es que a veces, las respuestas más evidentes, son las más difíciles de entender; cariño, mamá fue una egoísta inconsciente que no pensó en las consecuencias y aunque sepa que si vinieras, saldríamos adelante, no estoy dispuesta a que tus circunstancias se acerquen ni a «una milla marítima” de las que he vivido yo.
Pronto volverás, te lo prometo. Pronto serás, y serás lo que quieras porque tu familia te ayudará con cariño, atención y la seguridad necesaria para forjarte una personalidad sana, fuerte. Esto es lo que quiero para ti y la verdad, ahora no puedo dártelo.
Te he traído a la playa, quiero que antes de despedirnos, sepas lo que es el mar. Para mí, es el lugar perfecto en el que transmitirte todo lo que siento...- ¡Atenta Paula, ahora cogeré aire con todas mis fuerzas! ¡Qué voy eh! ¡Sniiiiiiiiiiif…!”
– ¡Así huele el mar! ¡A libertad! ¡A vida! ¡A pureza! ¡A diversión! ¡A juegos y risas…!
– ¿Lo oyes? ¡Son las olas rompiendo contra la orilla! Si prestas atención, oirás un sonido grave y armonioso, como mágico, con el mismo ritmo, la misma duración y la misma melodía; tan solo modifican su tono cuando están furiosas, entonces rompen con mucha fuerza y violencia, pero cuando como ahora están tranquilas, rompen suaves ¡Más despacito! ¡Atiende! ¡Verás que lo distingues enseguida! ¡Son inconfundibles…!
Y así, en silencio, con la alegría de saber que no estaría sola en este mundo, la tristeza por no tener más remedio que actuar en contra de su voluntad y el enfado por haberse dejado llevar, esta vez con consecuencias desastrosas, permaneció varios minutos contemplando el mar de ese soleado 22 de Mayo, mientras dos pensamientos rebotaban en su cabeza como una pelota de goma en una caja de madera: “quiero y puedo” y “por qué mi primer pensamiento no empieza por puedo, en lugar de por quiero”.
Para cualquier niña de dieciocho años hubiera sido muy fácil hacer caso omiso de ese detalle, pero Mel no era cualquier niña de dieciocho años. Con tan solo catorce, aprendió lo que era el miedo y la cobardía, enseñanzas de un “padre” que, cuando tenía oportunidad, deslizaba la mano por debajo de su falda en el mejor de los casos. A los quince, su madre, con la que no se entendía desde que tiene memoria, la denunció por malos tratos, motivo por el cual terminó dando con sus huesos en un centro de menores durante año y medio. Ahora, con la mayoría de edad recién estrenada, la vida quería enseñarle lo que era la mentira, personificada en su ya ex novio David, el cual puso pies en polvorosa cuando Meli le dijo que iba a ser papá.
A Melanie la vida le había robado la adolescencia sin previo aviso. Le había mostrado su cara más amarga de la peor manera imaginable, a través de aquellos que debían ser apoyo, soporte y ayuda. Sin embargo, fueron estas dificultades y una capacidad de análisis excepcional, las que le ayudaron a conocerse lo suficiente como para averiguar cuáles eran sus mejores cualidades, a las que por cierto, sabía sacar el máximo partido: un optimismo vestido de sonrisa limpia y sincera, una intensa y brillante mirada marrón clara, miel según la luz, que hablaba por sí sola, abriéndole puertas allá donde iba, y ese paso poderoso firme y decidido de quién tiene muy claro dónde va y lo que quiere o al menos, dónde no va y lo que no quiere, y aunque tímida e insegura termina encontrando, en un rincón, el temple suficiente para salir airosa de casi cualquier situación.
– ¿Verdad que son inconfundibles? ¡Este sonido, el de las olas, nunca se te olvidará!
«¡Son tantas las cosas que hoy más que ningún otro día me gustaría poder decirte! ¡Cariño, te quiero desde el momento en que supe que estabas en mí! Este sentimiento se llama amor y no existe más puro que el de una madre, pero eso, ya lo descubrirás cuando pronto vuelvas a estar en mi vientre y tras nueve meses tu primer aliento de vida sea el que llene la mía, desde ese instante y para siempre. Yo no lo he sentido nunca, al menos no lo recuerdo, pero sé perfectamente lo que es porque lo siento en mí, lo noto desde que estás conmigo y sé que lo seguiré sintiendo hasta que vuelvas a mi abrigo entre mis brazos, entonces podré tocarte, olerte, hablarte, cantarte, mirarte, conocerte, entenderte… tu instinto te dirá que soy yo quién te guiará, quién te enseñará qué es bondad, valentía, esperanza, constancia, cambio, aprendizaje… quién confiará en ti y en quién confiarás sin reparos, quién te protegerá de la fría oscuridad de una vida bella e injusta a la vez y te explicará cómo encontrar siempre lo positivo, sembrarlo, regarlo y tratarlo con el cariño suficiente para que cuando florezca, te deje ver que en todo lo malo siempre hay algo bueno. Juntas, haremos de nuestro mundo el puerto desde el que algún día, partirá tu barco en esta fugaz travesía que es la vida, en la que tendrás que esforzarte por mantener el rumbo cuando la tormenta arrecie, al mismo tiempo que deberás aprendes de ella. Es difícil, lo sé, pero tranquila nunca estarás sola”.
En cada palabra, en cada frase y a cada momento, Melanie acariciaba su vientre plano como si las palmas de sus manos fueran el medio a través del cual fluía la información. Su mayor deseo en este momento, era que su hija Paula, aprendiera lo que ella estaba interiorizando.
“Cuando los truenos quieran ensordecer tus pensamientos haciéndote creer que lo mejor es abandonar, yo estaré ahí para arriar velas. Cuando la oscuridad no te deje ver más allá, yo estaré ahí para iluminar tus opciones. Cuando las mareas pretendan hacerte creer que siempre hay un camino fácil, estaré ahí para recordarte que los grandes atajos, a menudo conllevan retrasos inesperados. Cuando el oleaje te asuste haciéndote pensar que todo ha acabado, estaré para enseñarte que las cosas sólo terminan cuando tú quieres, que eres la sala de máquinas, el timón y las velas de cada palo. Cuando su fuerza amenace con partir en dos el casco que te mantiene a flote y el miedo quiera invadirte con su sonrisa disfrazada de verdad, yo estaré ahí para explicarte que no es malo tener miedo, que lo único malo es permitir que el miedo se apodere de tu vida porque entonces, no tienes vida, tienes miedo. Cuando el viento quiera despegarte los pies del suelo que pisas con el pretexto de mostrarte cómo conseguir sueños que no son tuyos, yo estaré ahí para decirte al oído que la paciencia y la perseverancia te proporcionarán ese peso extra con el que mantenerte a bordo y firme. Y vida mía, cuando todo parezca perdido y pienses que te hundes, estaré ahí para recordarte que todo depende del cristal con que se mire, que los truenos son música, la oscuridad cobijo, las mareas las que ponen al alcance de tu mano todo aquello que deseas, el incesante oleaje, la demostración de que la tenacidad te hará grande como el propio océano, que la sonrisa es la herramienta mas poderosa que existe, que el miedo te mantiene alerta y que el viento en la cara, es ese elemento que despierta los sentidos para poder disfrutar de la calma que siempre llega tras la tempestad.
Todo esto crece en mí desde que sé que estás. Son como semillas desarrollándose en mi cabeza alimentadas por las ganas que tengo de verte reír, de oírte llorar. Y es mientras hablo contigo Paula, que voy descubriendo no solo la velocidad a la que crecen sino que nunca dejarán de hacerlo, que no hay límite ni techo, ni para lo que siento por ti, ni para nada que queramos emprender juntas. ¡Ya lo verás…! Hasta pronto mi bebé».
– Buenas tardes doctor, esta es mi nieta Melanie, teníamos hora para…
Me quedo muda. Las palabras no alcanzan. Sólo sentimientos. Tú si tienes la suerte inmensa y el talento de ponerles letras, palabras. Y nosotros la suerte de leerlo. Tan bonito, como brutalmente desgarrador. Hoy no tengo el día para opinar. Enhorabuena una vez más…
Una vez más, muchas gracias Paloma. Disculpa el retraso en la respuesta. Un saludo 🙂