«Los empresarios de la vergüenza». «Los acusados de pagar por sexo con menores, reconocieron los hechos para reducir sus penas y, ¡no irán a la cárcel!»

¿Qué estás haciendo aquí de nuevo? ¿Por qué no estás haciendo algo al respecto? ¿A qué esperas, a que el mismo sistema que os ha matado os resucite? ¿Qué es lo que tendría que hacer para que te sintieras en paz, retroceder en el tiempo?
Sé que no hay medida, actuación, sentencia ni tiempo que arregle este roto. No existe arena capaz de cubrir el boquete que ha dejado este impacto. Nos ha partido en dos y ahora no encuentro a la parte razonable. Soy la mitad sin luz, la negrura más profunda de la mirada más perdida, la mitad amarga, la agria. Soy la mitad mala. No existe fuerza capaz de enderezar este hierro doblado, torcido, desequilibrado e inútil en que se ha convertido nuestra vida. No voy a poder con esto, tal cual está. Este dolor no lo conozco, no lo controlo, no lo comprendo.
¡Deberías actuar en consecuencia!
¡Shhhh, calla!
¡No puedes quedarte de brazos cruzados! ¿Te vas a quedar de brazos cruzados?
¡Cállate! ¡Silencio!
¡Llevas semanas levantándote por la mañana, ¡semanas mirándome!, lamentándote y haciéndote las mismas preguntas que obtienen las mismas respuestas una y otra vez, una y otra vez y así, día tras día!
¡Ya está bien! ¡Es suficiente! ¡Te digo que lo dejes! ¡No me estás ayudando!
¡Deja de pensar y actúa! ¡Abandona el miedo a perder porque nada de lo que te queda vale algo cuando estás viendo cómo se te desangra la vida en el suelo!
No puede ser la única solución. No puede depender de mi sentido de la justicia y todo me indica que no estoy en el mejor momento para decidir.
«No puede…». «No puede…». «…no estoy».
Requeriría de toda mi atención y mi tiempo. Necesitaría todos mis medios, que tampoco son tantos. Todo tendría que girar entorno al plan y estoy cansado, no tengo fuerzas. No estoy seguro de ser capaz. No se si quiero. Creo que he perdido la capacidad de querer hacer y de querer querer.
¿Y estar aquí plantado mirando el reflejo de la cuchilla en el vaso de los cepillos servirá para ayudar a Belinda? ¿Rendirte y dejarla sola es la solución? ¿No acabar con la rabia terminando con el perro, sería lo justo?
¡Cállate! ¡Calla! ¡Silencio! Necesitaría tiempo y para eso una buena cantidad de dinero. No tengo suficiente de nada para que termine bien y conmigo libre.
¡No importa si acabas preso!
¡Sí, claro que importa! Es otro modo de morir y mi niña se quedaría sola igual.
¡Pero habrás hecho lo que debes!
¡Necesito que te calles para pensar con claridad! ¡Necesito tu silencio por un rato! ¡No sé que es lo que debo pero sí sé que necesito que te calles un momento! ¡Necesito lavarme la cara!
¡Necesito meter la cabeza en la bañera!
(Silencio frío).
Belinda me necesita ahora más que nunca. Tengo que estar con ella, a su lado. Soy su calma, su corazón, su paz y su sentido. En este momento no puedo faltarle, ni en este ni en adelante. ¡Solo tiene quince años y a mi! ¡Tengo que seguir buscando!
(Silencio).
(Shhhh…calma, silencio)
¿Quedarte sin aire habría resultado más fácil? Querías terminar con todo, ¿verdad? Deberías callarte tú y prestar atención a tu hija tras la puerta de su cuarto. ¿La oyes? Sí, claro que la oyes. Escuchas sus gemidos, sientes su dolor. Su inmensa pena te ha inundado la sangre, se ha instalado en tu cabeza y te ha arrugado el corazón ¿Dónde estabas tú cuando fue captada?
¡Sabes perfectamente que estaba en el trabajo y que ella debería haber estado en el colegio! ¡No me culpes a mi! ¡No me culpes a mi! ¡No lo hagas! ¡Yo no tengo la culpa! ¡Yo…! ¡No podía…! ¡Cómo ha podido pasar esto! En mi infancia los hubiéramos… ¡Por el amor de Dios! ¿Por qué? ¡Qué clase de mundo es uno en el que hay seres capaces de hacer algo así! ¡Qué clase de virus somos! ¡Han acabado con nuestra vida! ¡Nos han asesinado la vida a golpe de mentiras, a cuchilladas en el alma.
¡Parece que has tomado una decisión!
No apagues la luz, cierra el grifo de la bañera, acércate más y mírate bien. Escruta cada rincón de tu mojada y demacrada cara. Observa el reflejo de lo que ahora eres y recuérdate antes de que aquel monstruo acabara con la inocencia de tu hija. Recuerda cuando hace apenas un rato largo jugabas con ella en el coche de camino al colegio, cuando le contabas historias con tres palabras inventadas, cuando te abrazaba, cuando pensaba que el mundo era un lugar dulce y luminoso con seres dulces y luminosos que jugaban dulces y luminosos y corrían, bailaban, saltaban, reían, hablaban…dulces y luminosos.
¡Sí! ¡Ojo por ojo!
Lo que vas a hacer va a cambiar el modo en que Belinda ve el mundo ahora. Lo que vas a hacer va a conseguir que su mundo vuelva a chorrear luz, otra luz, luz clara de un color diferente. Lo que vas a hacer va a mostrar otro reflejo diferente, otra perspectiva, otros colores. Va a dibujar otras figuras, otras sonrisas. Va a cambiar su mundo y el tuyo. Sí, ha llegado del momento de hacer algo drástico.
¿Y dejarás que se salgan con la suya?
¡Eso no depende de mi!
Fins aviat 😉
Tratar la actualidad a través de un relato me parece una manera formidable de tratar temas tan delicados como los que se barajan cada día y este no lo es menos, ni mucho menos.
Hay un fallo al final, donde las voces se confunden por los apartes de los puntos pero más allá de eso: entretenido, fácil de leer e imaginativo.
¡Enhorabuena!