Samu fuma.
Pues que le gusta fumar al hombre.
Samu sabe que fumar mata, por eso, cuando no tiene más remedio que hablar del tema afirma entredientes que fumar no es bueno, que es malo, dice. Samu dice que lo va a dejar pero que no encuentra el lugar apropiado.
Samu no tiene mucha gracia ni demasiada suerte y le pasan cosas…digamos…raras, más a menudo que a otras personas. Samu lo sabe porque ha preguntado. Que si alguna vez te has encontrado un mono bebiendo whisky en un bar. Que si has ido a coger concentrado de tomate de la estantería pero no había y cuando llegabas a la caja has visto a una señora que llevaba un bote en el carro, le has preguntado que de donde lo había cogido, te ha indicado el mismo lugar del que venías y al volver, estantería llena un minuto y medio después. Que si en la sala de espera del dentista has visto salir a dos hombres disfrazados de payaso, que al ser tu turno y tras sentarte en la silla de tortura, justo antes de dormirte por la anestesia, has visto que tu dentista era el payaso de It. Sí, Samu, que tiene la mosca detrás de la oreja, ha preguntado por ahí porque no tiene claro si es muy normal ir al zoo y que te confundan con un traficante de animales peruano llamado Diego Choquehuanca Yupanqui.
Samu se está fumando un pito -así se las gasta Samu- sentado en la mesa de la cocina. Samu no cree en las sillas. Tiene las piernas en flor de loto y el cenicero delante. Samu está extraordinariamente relajado cuando su portero automático le corta la respiración durante la milésima de segundo necesaria para que su pierna izquierda ejecute un espasmo involuntario lo suficientemente brusco como para chutar el cenicero por la ventana de la cocina. Estamos en enero. El cenicero, algo frenado por los cristales y junto con ellos, cae desde un segundo piso y sobre la cabeza de Juani, la vecina del primero que, con su casco de rulos de color rosa amortigua el golpe y hace que el cenicero rebote grácilmente dibujando una pequeña parábola hacia adelante colándose por la ventana abierta de Tomás, el hijo adolescente del vecino del primero; enfrente, al que su exuberante juventud le arropa del frio en enero, en diciembre, en noviembre y en la sierra de Guadarrama, para ir a golpear la botella de agua de treinta y tres centilitros, por supuesto, abierta, que, al volcarse sobre el teclado del ordenador donde Tomás está jugando a The Last of Us, provoca una suerte de pequeños y ruidosos fuegos artificiales que terminan con la partida, el teclado y la calma tensa del chico que, al echarse hacia atrás por el susto, se cae de espaldas con la silla y golpea con ambas piernas a modo de media chilena la parte extensible -ahora partida en dos- de su mesa y pone en órbita el maltrecho teclado que impacta con una fuerza nada desdeñable contra la estantería de Funkos que forma parte de su set, para cuando hace directos, descolgándola de la pared, desconchando la pintura azul y desparramándolo todo encima de un Scalextric que va a necesitar un ingeniero de caminos y puentes.
Tambien han saltado los plomos. Sus padres del sofá. La garganta a voz en grito de Juani maldiciendo a Samu y el propio Samu que, ahora, mira al techo llorando de la risa tosiendo humo y alquitrán.
Concluiremos y nos alinearemos pues, con la afirmación de que fumar no es bueno y el yoga, mejor en el suelo.
¡Fins aviat!
Si te ha gustado esta pequeña historia, te recomiendo unos libros con los que vas a llorar de la risa

Arthur Dent escapa de la destrucción de la Tierra y viaja por el cosmos con Ford Prefect, un alienígena que escribe para la Guía del autoestopista galáctico. En su aventura, enfrenta situaciones absurdas junto a Zaphod Beeblebrox y Marvin, un robot depresivo.

Un detective anónimo y torpe, recién salido de un manicomio, investiga un caso absurdo en Barcelona que involucra un maletín y aceitunas. Su aventura lo lleva por situaciones hilarantes, desde bares cutres hasta conspiraciones extravagantes. El humor es satírico, con un retrato irónico de la España posfranquista.
También puedes leerte Un maldito error la historia de por qué una mala decisión puede terminar con una prolífico camino de decisiones acertadas por un despiste. En un momento.